viernes, 2 de marzo de 2007

LA AMATISTA

LA AMATISTA
El Camino Superior de Santiago
novela por entregas
aparecerá en este blog un capítulo cada semana
Inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual de Barcelona, 2005.
DECIMOCTAVA ENTREGA



17

De Astorga a Rabanal del Camino

Inició el sol su disciplinada ruta en la órbita correspondiente a tres cuartos de luna después del equinoccio de otoño, pero en la Maragatería nadie se dio cuenta, porque el día amaneció nublado y lluvioso. Los caminantes, parapetados tras el velador de un café del barrio astorgano de Rectivia, cerca de San Pedro de Afuera, aguardaron a ver si escampaba. Hacia las diez, como la lluvia no amainara, decidieron envolverse en sus capotes y salir al camino, que era primero calle y luego carretera que descendía hacia la vaguada del río Jerga pasando por las Ventas de Peñicas. Dejaron a su derecha el pueblo de Valdeviejas, que tuvo hospital de peregrinos. Pasando a tocar de la ermita del Ecce Homo, siguieron por la carretera hasta el puente supuestamente medieval sobre el río Jerga, poco después del cual abandonaron el asfalto para tomar una pista que entraba en Murias de Rechivaldo. La lluvia se había convertido en una tenue mollizna que descendía de un techo de nubes cada vez más claras, como si tras ellas un cuerpo luminoso pugnara por asomarse a la tierra. Los caminantes cobraron camino en un entorno cada vez más árido. La pista desembocó en un cruce de carreteras. Tomaron la carreterilla estrecha y desierta que ya no iban a desamparar hasta Molinaseca, trazo seguro a través de los Montes de León. Dos horas después de salir de Astorga llegaron a Santa Catalina de Somoza (sub montia : al pie del monte), renunciando a visitar Castrillo de los Polvazares, la capital turística de la Maragatería.
Santa Catalina tuvo, parece ser, hospital. Hoy tiene un modesto mesón en el que los caminantes decidieron hacer colación, pues les constaba que después venían once kilómetros sin suministro alguno.

Entre Santa Catalina y El Ganso la ruta comienza a ascender entre carrascas y rebujales. El Ganso tuvo hospital y monasterio de monjas premonstratenses. En la actualidad tiene una fuente. Los caminantes bebieron en ella y entablaron conversación con una niña de aspecto inconfundiblemente maragato que estaba sentada en el brocal, envuelta la cabeza en una amplia pañoleta de algodón azul claro. Un golpe de viento dejó su rostro al descubierto; surcaban su cara formaciones de pápulas eritematosas de bordes nítidos, que cerca del cuello presentaban una escama blancuzca. La niña volvió a anudar el pañuelo y quedó silenciosa y como avergonzada. Al caminante mayor le faltó tiempo para sacar toda su guarda de relojes y bolígrafos, con los que la obsequió, añadiendo una pequeña cámara fotográfica y unas gafas de sol. La muchachita sonrió, recogió los regalos, se levantó y desapareció por una calleja que daba a la plaza de la fuente. Los caminantes bebieron de nuevo y siguieron adelante. Iban en silencio, abrumados por el drama que albergaba aquella pequeña aldea de la Maragatería. "Psoriasis avanzada; no curará", murmuró el Caminante Mayor después de una ringlera de toses y carraspeos. Y se pusieron a discurrir sobre el dolor. Ramón Forteza Consignó en su cuaderno, con toda fidelidad, la larga diatriba del Caminante Mayor:
"Hay un criterio definitivo para entender al hombre y para juzgar a Dios: el dolor. El entorno del hombre es susceptible de ser definido, como hace el budismo, por medio de "unidades de dolor" (dharmas). El mundo, visto desde la posición del ser humano, es un generador de dolores.
"Conviene ante todo distinguir el dolor y el sufrimiento. El dolor es un hecho fisiológico y afecta al presente. El sufrimiento es la repercusión del dolor en la totalidad del organismo humano, en su sensibilidad, en su memoria, en su inteligencia. El sufrimiento se proyecta sobre el pasado, el presente y el futuro; el dolor es insoslayablemente presente. El animal también experimenta dolor, pero su capacidad de sufrimiento es muy escasa. En cambio, el ser humano puede llegar a sufrir sin padecer dolor. Sufrimos al percibir el dolor de los otros. El herido tratado con analgésicos no siente dolor, pero sufre. El sufrimiento, a fuer de vivencia de un ser inteligente, puede ser dominado inteligentemente; el dolor no, el dolor es una afección del animal y sólo puede ser tratado con procedimientos físicos.
“El dolor es ley y condición de subsistencia: una especie insensible al dolor se extinguiría rápidamente. El dolor previene el conflicto, lo diagnostica y contribuye a superarlo. El viviente es doliente por esencia. El hombre, como animal, es un ser doliente.
"Pero el dolor humano reviste características singulares, únicas, si es cierto que somos la única especie inteligente del universo. El hombre, inmerso en el conflicto cósmico y vital, experimenta el dolor como conciencia. El conflicto y su consecuencia sensible, el dolor, serían puros hechos cósmicos sin la conciencia. El dolor sentido adquiere una dimensión totalmente nueva. Pasa a sufrimiento, accede al ámbito de lo moral. El espíritu inteligente en una carne doliente es el mal esencial. En esta constatación halla su fundamento el ejercicio filosófico de la teodicea. Teodicea: juzgar a Dios. La divinidad es sometida al tribunal de sus criaturas. Las religiones y las filosofías creacionistas, por el solo hecho de establecer la figura de un creador se ven también abocadas al proceso de la teodicea: si el mundo en su estado actual tiene una causa inteligente, esta causa es irremediablemente perversa.
"El anhelo de la humanidad ha sido siempre la eliminación del dolor como condición indispensable de la superación del sufrimiento. Una vez el dolor eliminado, muchos seres humanos seguiran sufriendo, pero la causa de este sufrimiento se hallará en ellos mismos o en otros seres humanos, ya no será una fatalidad cósmica.
"Los movimientos espirituales han hecho frente con intrepidez al sufrimiento humano y a su ingrediente principal, el dolor físico. El budismo ha creado todo un sistema filosófico basado en la noción de sufrimiento y en las posibilidades de su superación. Las cuatro grandes verdades de Buda conciernen al dolor. Pero la comprensión y el desarrollo de ésta y de parecidas sabidurías está reservada a una minoría de caracteres. El budismo, en su calidad de gnosis analgésica, está reservado a una minoría.
El cristianismo se ha acercado al dolor con acentos mucho más humanos y universales. El Dios cristiano condesciende a hacerse hombre para padecer con el hombre y conseguir para él un camino de liberación. Pero la victoria sobre el dolor queda postergada hasta la vida futura. El padecimiento del presente queda intacto, paliado tan sólo, para los adultos, por la virtualidad de una intensa identificación con el sufrimiento de Jesús. Para los niños no hay paliativo. Por otra parte, el judaísmo y el cristianismo han promovido en la humanidad la actitud de la misericordia, dirigida a paliar el sufrimiento del prójimo, creyente o no. El hospital y la beneficencia son un invento cristiano. Es curioso constatar, sin embargo, como los creyentes no caen en la cuenta de que las interminables filas de camas de sus hospitales son un monumento a la perversidad de su Dios.
"No queda otra vía practicable que el progreso tecnológico. Es la inteligencia humana aplicada al discernimiento de las leyes de la naturaleza la que creará las condiciones para la superación del dolor humano, y, ante todo, el de los niños. La salvación está en la medicina y en la farmacología. Los profetas de este evangelio son los médicos, los farmacéuticos, los enfermeros, mujeres y hombres consagrados a eliminar o a paliar el dolor humano. En Occidente y en las zonas desarrolladas del planeta ellos han traído la paz a los espíritus angustiados por la inminencia del dolor y de la muerte: todos sabemos que en el momento decisivo estos expertos en cuerpos humanos estarán cabe nosotros para librarnos del dolor y hacer más llevadero nuestro sufrimiento.
"Mi insistencia en poner en primer lugar el dolor de los niños no es únicamente por motivos sentimentales. Ciertamente, el dolor de los niños y de las niñas me sume en la más absoluta consternación. Pero el sufrimiento infantil es el argumento decisivo frente a las ambigüedades o a las hipocresías de las religiones en su cotejo con el dolor. Ninguno de los remedios que proponen para el dolor presente sirve de nada para eliminar o ni tan siquiera paliar el dolor de los niños. Y basta una niña doliente para proclamar la infamia de nuestro Dios.
"En el niño doliente, el despertar de la inteligencia sirve sólo para añadir a su dolor el agobio del sufrimiento. El niño, aun el infante, no es un animal. Sufre como un ser humano. Y no tiene acceso a los paliativos que la inteligencia ofrece por medio del lenguaje, que permite al doliente comunicarse con los demás y sentir el lenitivo de su compasión. El niño sufre solo, y la naturaleza no le ofrece más recurso que el llanto para desviar la pesadumbre de su sufrimiento.
Dejemos a los creyentes de diversa laya lidiar con sus propias contradicciones y examinemos la proyección de la admirable geometría divina sobre la sensibilidad de los seres vivos más dignos de respeto, los retoños de la especie humana antes de acceder al uso de razón. Veamos, a través de un catálogo de sus enfermedades y de sus dolores, qué entiende el Dios de la revelación cristiana por belleza, providencia y amor.
"El asma es un trastorno pulmonar obstructivo difuso. La obstrucción de las vías respiratorias se debe a constricciones, hipersecreciones o inflamaciones. La pequeña víctima tiene tos, respiración sibilante, rápida y dificultosa, que requiere la utilización de los músculos respiratorios accesorios. Sobrevienen taquicardias. El infante tiene la sensación de ahogarse. Las crisis pueden degenerar en estatus asmático, con riesgo de muerte por asfixia. El asma es una enfermedad crónica. Cuando el niño llegue al uso de razón sabrá que esta amenaza de sufrimiento le acompañará durante toda su vida. La anafilaxia es una reacción violenta del sistema inmunitario ante una agresión exterior. La pequeña víctima siente hormigueos en la cara y boca, escozores, dificultad para tragar, opresión en el pecho, urticaria, dificultades respiratorias, hipotensión, braquicardia y diarrea. Su aspecto es cadavérico y, efectivamente, puede morir. Los niños y las niñas pueden estar afectados por una gran variedad de artritis crónicas localizadas en cualquiera de las articulaciones. Durante toda su vida el movimiento de las articulaciones afectadas les producirá dolor. La encefalitis grave (como la causada por el virus del herpes simple) cursa con convulsiones, edema cerebral, fiebre alta, alteraciones cardiorrespiratorias y coagulación intravascular diseminada. Las secuelas pueden ser gravísimas. La septicemia provoca temperatura inestable, taquicardia, respiración convulsiva, lesiones cutáneas y alteraciones del estado mental. La mortalidad es muy alta. La meningitis bacteriana del período neonatal involucra bacterias de la flora vaginal materna (refinamiento de la providencia demiúrgica, comentó el Caminante Mayor: la madre transmite la enfermedad al hijo). La osteomielitis es una infección relativamente frecuente en la infancia, y afecta más a los niños que a las niñas. Suele localizarse en el fémur, y se presenta como cojera con dolor óseo. La difteria, antes causante de gran mortalidad, sigue siendo grave en paises subdesarrollados que no pueden vacunar sistemáticamente a los niños durante el primer año. La faringe se recubre con una seudomembrana que asfixia a la pequeña víctima. El tétanos neonatal también es frecuente en aquellos paises. Se produce tras la infección del cordón umbilical y aparece como una enfermedad generalizada, con rigidez muscular y convulsiones bruscas. La sífilis congénita suele ser secundaria al paso de espiroquetas a través de la placenta. También el virus de la hepatitis B puede transmitirse por vía intrauterina. Sus complicaciones son la cirrosis y el carcinoma hepático, que el infante arrastrará durante toda su vida. Con la fístula traqueoesofágica el niño segrega mucha saliva y se asfixia. La invaginación tiene lugar cuando un segmento intestinal se introduce dentro de otro. Provoca intensos dolores abdominales, vómitos y heces hemorrágicas. Parecidos síntomas ofrece la colitis ulcerosa. La neumonía estafilocócica provoca fiebre alta, tos y dificultades respiratorias; son frecuentes las alteraciones del estado mental y el shok; el derrame pleural es una complicación frecuente; la mortalidad es alta en el primer año de vida. El edema de pulmón y los abscesos pulmonares provocan hemoptisis y esputos. Ocho de cada mil nacidos vivos presenta una cardiopatía congénita: corazones infantiles enfermos desde el nacimiento. En la endocarditis infecciosa el niño sufre fiebre, escalofríos, dolor torácico, dificultades respiratorias, sudoración y dolor de las articulaciones. Las leucemias son las formas de cáncer más comunes en la infancia. Sus síntomas generales son palidez y fatiga (anemia), sangrado, fiebre y dolor en los huesos. El neuroblastoma es un tumor del sistema nervioso que puede conducir a la demencia infantil. Los tejidos blandos del niño y de la niña pueden estar afectados por una gran cantidad de sarcomas, causa de muchos dolores: hemorragia nasal, respiración dificultosa, parálisis de nervios craneales, ceguera, cefáleas, vómitos, tumefacción de la cara y del cuello, déficit visual, dolor de oído, otorrea, tos cruposa, estridor progresivo, hematuria, incontinencia, infección de las vías urinarias, inflamación de los testículos, hemorragia vaginal. La hematuria u orina sanguinolenta afecta a las niñas y a los niños por muchas causas: por enfermedades glomerulares (una docena de variantes), por infecciones bacterianas y virales, por anomalías en la misma sangre (coagulopatías, trombocitopenia, células falciformes, trombosis de la vena renal), cálculos, anomalías congénitas, traumatismos, tumores. La nefritis intersticial crónica depende de insuficiencia renal crónica y suele degenerar en enfermedad renal terminal. La glomerulonefritis semilunar es fulminante. Las manifestaciones clínicas de la insuficiencia renal aguda son oliguria, palidez, anemia, edema, hipertensión, vómitos y letargo. Las complicaciones consisten en insuficiencia cardíaca congestiva, edema pulmonar, arritmias, hemorragia gastrointestinal, convulsiones y coma. Las manifestaciones clínicas de las infecciones de las vías urinarias en el neonato consisten en incapacidad para desarrollarse, ictericia, pérdida de peso, fiebre, diarrea y vómitos; en los niños y niñas mayores puede producir fiebre, incontinencia, enuresis, disuria y orina fétida. El hipotiroidismo congénito afecta a uno de cada cuatro mil lactantes. Las manifestaciones clínicas son ictericia prolongada, problemas de alimentación, letargo, ahogos, dificultades respiratorias (debidas a una lengua gruesa), hipotermia, piel fría y moteada, edema de genitales y extremidades, bradicardia, soplos cardíacos, anemia y fontanelas anchas; en la infancia hay detención del crecimiento, tamaño craneal grande, ojos separados, depresión del puente nasal, lengua gruesa, retraso de la dentición, piel seca y descamada, pelo tosco y quebradizo. En la insuficiencia corticosuprarrenal hay debilidad muscular, anorexia, pérdida de peso, tensión arterial baja, aumento de la pigmentación cutánea, especialmente en los genitales, ombligo, axilas, pezones y articulaciones, y mucosa bucal azul pardusca. Una de cada tres mil niñas nace con el síndrome de Turner, que se manifiesta en edemas de manos y pies, pérdida de los pliegues cutáneos de la nuca, reducción de la talla, cuello alado, implantación capilar posterior baja, mandíbula pequeña, orejas prominentes, pliegues epicánticos, paladar ojival, torax ancho, cúbito valgo, uñas de los dedos hiperconvexas, escoliosis; son frecuentes los defectos cardíacos, renales y auditivos. Los niños y niñas pueden sufrir una variada gama de convulsiones, que si duran más de treinta minutos son calificadas de epilepsia, durante la cual pueden desarrollarse cambios neuronales irreversibles. La distrofia muscular de Duchenne afecta a los varones y es hereditaria. No se detecta hasta el segundo año. Luego se observan miocardiopatía, ligero deterioro intelectual, cifoescoliosis y contracturas; aparece debilidad progresiva y el niño es ya incapaz de andar; la muerte se produce al final del primer decenio de vida. Las enfermedades del oído infantil cursan con ocho tipos de síntomas: otalgia, otorrea, pérdida de audición, tumefacción, vértigo, nistagmo, tinnitus y parálisis facial. Las enfermedades de la piel producen en el infante máculas, pápulas, nódulos, tumores, vesículas, ronchas y quistes. Las deformaciones óseas en los pies dan lugar a pies planos, pies cavos y pies zambos, que dan situaciones dolorosas. Entre los problemas de la columna vertebral el más grave, y también el más frecuente, es la espina bífida. El raquitismo es una enfermedad exclusiva de la infancia, y puede desarrollarse en una docena de variantes. La joya que cierra esta corona de piedras preciosas de la providencia demiúrgica es el síndrome de la muerte súbita del lactante. Suele presentarse en un lactante de dos o tres meses que está en su cuna sin ningún problema aparente. Las causas pueden ser múltiples e imprevisibles. Por una vez, el niño muere sin dolor.
"Los teólogos cristianos, acuciados por los creyentes, han excogitado multitud de subterfugios especulativos para salvaguardar la integridad moral del Creador y Padre. Afirman que el dolor es un instrumento de purgación de los pecados, y proponen al viador doliente la unión espiritual con Jesús en el trance de su pasión. Si les aprietan y les objetan que los niños dolientes no tienen ningún pecado que purgar, vomitan el dogma del pecado original.
"El Libro de Job, recibido en el canon judío y en el cristiano, presenta a dos personajes divinos, Yavé y Satán, en perfecta connivencia para acarrear males incontables al desgraciado Job, escogido como conejillo de Indias de un inicuo experimento de resistencia de materiales anímicos. En esta ocasión, Dios es causa directa de los padecimientos de Job, pues el diablo, a fuer de miembro de la familia divina actuó en este caso como mero tecnólogo y ejecutor del designio del Supremo. Por otra parte, la teopatía de Job corrobora la sospecha de ciertos cristianos del siglo III, para los cuales bajo el nombre de Yavé se escondía en realidad la abominable personalidad de Satán."

La ruta asciende ya netamente por un terreno de jaras y brezos. La tierra es áspera, y las rocas esquistosas asoman por doquier dando testimonio de la pobreza del terreno. Aparecen los primeros pinos, resultado de un proyecto de repoblación. Más allá del cruce que lleva a Rabanal Viejo, la carretera discurre por un encinar. Los caminantes, con andadura de paseo, rebasaron la ermita del Santo Cristo y, justo donde llega por la izquierda la carretera de Santa Colomba de Somoza, dejaron la ruta asfaltada y entraron en Rabanal del Camino por la vieja calzada, que lleva derecho a la calle principal, llamada Recta. Traspusieron la ermita de San José, el caserón de las Cuatro Esquinas y se detuvieron ante la iglesia románica de Santa María. Rabanal tuvo casa de Templarios, dependiente de la encomienda de Ponferrada.
Los caminantes pidieron alojamiento en el refugio de peregrinos "Gaucelmo", atendido por una confraternidad jacobea inglesa, que acogía también a los viajeros como hostal. Fueron alojados en dos habitaciones del último piso, a teja vana, pequeñas pero confortables. Atardecía. Reposaron un poco y salieron a pasear por el pueblo, de disposición típicamente jacobea. El aire era frío, pues el pueblo está a más de mil metros de altitud. Al cabo optaron por sentarse a la mesa en un mesón de la plaza de la iglesia, donde tomaron unas copas mientras conversaban con los peregrinos que allí se habían juntado. Hacia las ocho pidieron de cenar y se les pudo servir una sopa de cocido seguida de una morcilla casera. Trasegada la última copa, se despidieron de la amena compañía y fueron a acostarse. Lloviznaba en Rabanal del Camino, y una tronada se aparejaba, como una protesta, por la parte de Somoza.

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